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Categoría: Cambio climático

PROYECTO BEEONEMORE: 100 Bolsas BeeOneMore

“100 Bolsas BeeOneMore” es un proyecto piloto lanzado por BeeOneMore. La finalidad de cualquier proyecto piloto es demostrar que financiar proyectos sociales a golpe de clic, por pequeños o grandes que sean, es posible. De todos y cada uno de nosotros depende el crear una gran comunidad online que de alas a esta nueva fuente de financiación social.

El plástico es un material que el planeta no puede digerir, tarda cientos de años en descomponerse en el medio ambiente. Asignar a un material tan duradero objetos con un uso tan efímero es un error de consecuencias catastróficas a nivel global.

Son miles las toneladas de plástico de diversos tamaños que contaminan nuestros océanos y que ya tienen un efecto devastador sobre la fauna marina y las aves. Nosotros, el ser humano, por estar en la cúspide de la pirámide trófica, no tardaremos en sufrir los mismos efectos. El plástico mata, no entiende de fronteras y su presencia aumenta tanto como nuestra pasividad al respecto.

100 Bolsas BeeOneMore no cambiarán el mundo, pero quizás sí puedan evitar que 17.000 nuevas bolsas de plástico acaben en nuestros océanos. Es tan solo una cuestión de escala social que nuestro alcance y repercusión en la lucha contra el plástico sea mayor. Por eso, apoya el proyecto y sé uno más. – BeeOneMore –

BeeOneMore distribuirá en Valencia sus primeras “100 bolsas BeeOneMore” frente al supermercado menos comprometido en la lucha contra el plástico, el Corte Inglés. Las bolsas se financiarán gracias a los clics conseguidos. El objetivo no es otro que poner nuestro granito de arena en contra del uso indiscriminado del plástico y difundir el mensaje de BeeOneMore.

La lucha contra el cambio climático.

Apenas tiene 16 años. Es una niña y habla de tú a tú con los presidentes de las naciones más poderosas del mundo. Asistió a la Conferencia de Davos y encaró a los empresarios y líderes económicos más influyentes del planeta. En su corta trayectoria ya ha acumulado méritos suficientes como para ser nominada al premio Nobel de la Paz. Por si aún no lo has adivinado, hablamos de Greta Thunberg, la adolescente sueca que en pocos meses se ha convertido en la abanderada de la lucha contra el cambio climático.

Su revolución comenzó tímidamente. No era más que una colegiala que se plantaba todos los días frente al parlamento sueco con una pancarta que decía: “huelga escolar por el clima”. Su perseverancia tuvo eco en miles de jóvenes de todo el mundo. Como ella, decidieron tomar cartas en el asunto y reclamar a los gobiernos de sus países su inacción frente a un problema que nos supera y crece día a día. Así nació el movimiento “Fridays for Future”, que aboga por la toma de medidas urgentes que pongan freno a la destrucción ambiental.

Su discurso es directo y sencillo. Quizás, el hecho de ser Asperger tiene algo que ver con su lenguaje escueto y sin ambages. No se anda por las ramas y llama a las cosas por su nombre. Acusa a los políticos de ofrecer falsas soluciones o, cuando menos, de aplicarlas solo a medias.

No tiene nada que temer y predica con su ejemplo. Recorre el mundo sin subirse a un avión y en estos días fue noticia por hacer un largo viaje desde Chile hasta España a bordo de un catamarán. Allí participa en la XXV Cumbre del Clima que organiza anualmente la ONU.

Su negativa a cruzar los aires no tiene que ver con alguna fobia. En realidad, responde a su compromiso por evitar toda actividad que produzca altas emisiones de CO2. Por ello, tampoco come carne y aboga por formas de vida más sustentables.

La popularidad de Greta Thunberg no solo le ha ganado adeptos y fieles defensores, sino también una miríada de detractores. Las redes sociales pueden dividirse en dos grupos, quienes la aman y quienes la acusan y se burlan con saña de todas sus intervenciones públicas. Incluso Donald Trump llegó a publicar un comentario irónico en Twitter: “Una niña muy feliz que espera un futuro brillante y maravilloso”. La respuesta de Greta no se hizo esperar y, con buen tino, actualizó la descripción de su perfil en sus redes sociales, copiando literalmente el mensaje del presidente norteamericano.

Cierto es que algunas de sus declaraciones pueden sonar alarmistas. Decir, por ejemplo, que “estamos en el comienzo de una extinción masiva” puede parecer una sentencia apocalíptica. Sin embargo, Greta no pide que la escuchen solo a ella. En realidad, exige que se tomen en cuenta las alertas de los investigadores y se actúe inmediatamente.

“Dicen que nos escuchan y que entienden la urgencia… Nos están fallando… Y si eligen fallarnos, nunca los perdonaremos”. Así, con tono amenazador, se dirigió a la asamblea en la Cumbre del Clima de la ONU el pasado mes de septiembre. Sus enérgicas palabras animan un movimiento que sigue creciendo y, pese a las críticas, rendirse no es una opción. “No dejaremos que sigan con esto… Se viene el cambio, les guste o no”.

Hasta el momento son pocos los resultados tangibles de su lucha. Y ese es precisamente su aliciente y su reto. No será fácil dar el paso y conseguir que sus actos simbólicos se concreten en acciones contundentes. Mientras, debe sortear toda clase de dificultades. Mantener viva una lucha independiente es una tarea difícil, más aún para una líder tan joven. En nuestras manos está darle el soporte que necesita para que su gesto no sea en vano. Es nuestro deber como sociedad aportar soluciones y llevar esta iniciativa al próximo nivel.

Empoderamiento ciudadano y activismo digital

Darle poder a quienes no lo tienen. Tal es la misión del activismo en todas sus vertientes. Tanto si hablamos de activismo social, ambiental o político, la idea que subyace es acercar al ciudadano de a pie a los entes capaces de atender sus demandas. No es un concepto nuevo. Desde el siglo XIX podemos rastrear movimientos que llamaban a la acción de protesta frente a las injusticias sociales.

En ocasiones, el activismo ha ido de la mano del arte y de la contracultura. El “mayo francés” es un claro ejemplo del siglo XX. Y, aunque muchos puedan pensar que son actos simbólicos que no llegan a resultados concretos, basta recordar el “movimiento provo” holandés. Una de sus primeras reivindicaciones fue la legalización del cannabis, pero también abogaron por el uso de la bicicleta a fin de reducir la contaminación en las ciudades. ¿Acaso hoy en día alguien puede dudar de sus logros?

Coordinar estas acciones requería de un considerable esfuerzo organizativo, mucho tiempo y gran dedicación. Además, su alcance era muy limitado. La llegada de internet revolucionó el poder del activismo y dio pie a lo que conocemos como activismo digital. La inmediatez con la que se comparten contenidos y la libertad de expresión en las redes sociales han dado un gran impulso a estos movimientos.

El acceso a estos medios ha permitido contactar con otras personas, intercambiar información y promover movimientos de protesta de forma rápida, sencilla y efectiva. Hecho que ha conseguido empoderar a los ciudadanos y hacerles ver su capacidad de influencia.

Son muchos los ejemplos que podríamos citar. La llamada “Marea Verde” de Irán, también conocida como “Despertar Persa”, tuvo en las redes sociales un gran aliado. Un acto de protesta pacífico que reclamaba valores democráticos y que finalmente no obtuvo el resultado esperado. Pero su protesta y su mensaje llegaron al mundo entero. El supuesto fraude electoral de 2009 se difundió por las redes sociales como la pólvora y mostró el camino del activismo digital.

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Otra caso emblemático fue la revolución egipcia. “La publicación del vídeo del asesinato del estudiante Khaled Said a manos de los cuerpos de seguridad del Estado fue, sin duda, lo que propició el nacimiento del movimiento.”

La página de Facebook “Todos somos Khaled Said” obtuvo 300 seguidores en apenas dos minutos, y alcanzó a cientos de miles de personas. Tal fue la presión de estas publicaciones que el presidente Mubarak ordenó el bloqueo de las señales de telefonía e Internet. Pero esto no hizo sino avivar la llama y animar a más ciudadanos a sumarse a las denuncias. Así, la protesta saltó de las redes a la calle, y se produjo una manifestación masiva en la plaza Tahrir. Dos semanas más tarde, y tras 30 años en el poder, el presidente Hosni Mubarak presentó su renuncia.

En España, el activismo digital alcanzó notoriedad con el “Movimiento 15-M” o movimiento de los indignados. Este movimiento acogía varias causas, todas referentes al descontento social, producto de la crisis económica y del hartazgo de la política tradicional. Las acampadas invadieron las calles de muchas ciudades españolas gracias a las plataformas digitales. Las redes sociales no solo impulsaron el movimiento 15-M, sino que terminaron identificándose con él. De esta forma, se ha terminado por considerar a los indignados como un paradigma del activismo digital.

Otra faceta de las plataformas sociales en el activismo digital se refiere a su facilidad para sumar adeptos y financiación para las causas. A través de diferentes mecanismos, sea por donaciones directas o por captación de usuarios, los soportes digitales permiten recabar recursos para sustentar estas iniciativas. BeeOneMore es un incipiente y vivo ejemplo de ello. Es tan simple como hacer clic en el proyecto social que deseas apoyar. Sin necesidad de consignar otros datos o hacer cualquier aporte, esa acción se traduce en dinero para sustentar la causa de tu elección.

Está en nuestras manos construir el futuro que deseamos. Y hacer clic puede ser el primer paso. Gracias al activismo digital, nuestras voces ya nunca podrán ser ignoradas.

Cuenta atrás para el plástico – en Supermercados –

Los años de bonanza terminaron. La alegría del sector plástico se tornó preocupación. Y la conciencia social en la lucha contra el plástico por fin pesó sobre nuestros actos. Así es, la cuenta atrás comenzó para el plástico.

Los propios supermercados se han encargado de encender todas las alarmas contra el plástico precisamente por hacer un uso abusivo del mismo. Plásticos para el envase de la carne, del pescado, de las frutas y verduras, plásticos para las bebidas, y bolsas de plástico para llevarse la compra entera.

Eroski, Aldi y Mercadona lideran, según Greenpeace, la retirada de plásticos de sus establecimientos, mientras que Alcampo, Carrefour y El Corte Inglés hacen oídos sordos y niegan la mayor. Bolsas de papel y material reciclado, envases biodegradables o la venta a granel son las propuestas más comunes, pero casi testimoniales. La apuesta por el cambio debe ser fuerte y efectiva. Y nuestro papel como consumidor final es determinante.

Podemos participar en un “Plastic Attack”, una acción de calle reivindicativa, pacífica, que básicamente consiste en reunirse a las puertas de un supermercado para pedirles a los consumidores que les dejen todos los envases plásticos que han comprado para terminar devolviéndoselos al supermercado reclamando productos sin plástico. No sé si ciertamente útil. O bien, predicar con el ejemplo y tomar medidas verdaderamente efectivas como comprar productos a granel, utilizar bolsas reutilizables, o frecuentar comercios más comprometidos con la causa. El “no consumo” es la medida de castigo que mejor entienden las grandes superficies.

El cambio es posible y la cadena holandesa Ekoplaza es la viva muestra de ello. Tras doce meses de colaboración con la organización “A Plastic Planet”, inauguró, a principios del  2018, en su tienda de Amsterdam, el primer pasillo libre de plásticos, en el que ofrecían más de 700 productos, como carnes, lácteos, cereales y vegetales entre otros, envasados en biomateriales compostables. Toda una declaración de intenciones a la que se han ido uniendo otras cadenas europeas como la británica Iceland.

La responsabilidad está en el tejado de los supermercados, pero con ello no la obligación. De ahí que nuestros líderes políticos hayan empezado a tomar cartas en el asunto. El Parlamento Europeo ha aprobado la prohibición de los plásticos de un solo uso a partir de 2021 y ha alcanzado un acuerdo contra la contaminación marina por plásticos y microplásticos que entrará en vigor en 2030. La intención es buena, pero debe ser mejor y más rápida.

El verdadero cambio reside en todos y cada uno de nosotros. El tema es de actualidad, la conciencia crece a buen ritmo y sólo queda apartar definitivamente el plástico de nuestra rutina diaria. Sin grandes esfuerzos. Sin grandes dramas. Pequeños gestos son más que suficientes. Y desde BeeOneMore queremos tener un pequeño gesto. Lanzamos el PROYECTO PILOTO: 100 Bolsas BeeOneMore con el que poder financiar 100 bolsas de tela para repartirlas a las puertas del supermercado menos comprometido de España, El Corte Inglés. 100 Bolsas que sustituirán a otras tantas de plástico y darán a conocer el proyecto BeeOneMore. El alcance de este proyecto, como el del resto de proyectos, dependerá exclusivamente de nuestro interés, de nuestros clics. Recuerda que puedes votar todos los proyectos una vez al día y sentir realmente que con un simple clic todo es posible. ¡Acabemos con el plástico!

Productos básicos reutilizables

Empecemos por lo básico. ¿Qué tal sustituir estos 6 productos de uso diario y que tanta repercusión tienen en la contaminación de nuestro planeta por otros más «friendly»? Tirar botellas de agua, bolsas de plástico, toallitas de papel… lo típico, lo cómodo, en realidad, lo peor. Un comportamiento del que verdaderamente nadie debería sentirse orgulloso: Usar, tirar, usar, tirar, usar, tirar… Un problema social que no seré capaz de resolver yo solo, ni tú solo, ni siquiera nuestro entorno más cercano, pero….  por nosotros que no quede.

Apoya diariamente nuestro ‘PROYECTO PILOTO: 100 bolsas BeeOneMore’, para demostrar que financiar proyectos a golpe de clic es posible. El plástico es un material que el planeta difícilmente puede digerir. Requiere una digestión de cien años hasta que pueda descomponerse en el medio ambiente. Cien Bolsas BeeOneMore no cambiarán el mundo, pero seguro que evitarán el uso de 17.000 bolsas de plástico.

Es tan sólo una cuestión social que nuestro alcance y repercusión en la lucha contra el plástico adquiera mayor relevancia y se haga notar.

Por ello, únete, sé uno más, BeeOneMore!